Lo que la Planificación Energética a Largo Plazo planea, y lo que no
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Conforme a lo dispuesto en el artículo 83° de la Ley General de Servicios Eléctricos, LGSE, cada cinco años el Ministerio de Energía debe desarrollar un proceso de Planificación Energética de Largo Plazo (“PELP”) para los distintos escenarios energéticos de expansión de la generación y del consumo, en un horizonte de al menos treinta años.

Antes de efectuar cualquier comentario sobre el proceso de PELP, debe tenerse en cuenta cual es concretamente el objetivo de este proceso. El único objetivo formal establecido en la LGSE, es que los escenarios que ella presente sean considerados en la planificación de los sistemas de transmisión eléctrica que lleva a cabo la Comisión Nacional de Energía. En consecuencia, la PELP no es una planificación energética propiamente tal, no lo es en materia de generación, transmisión ni distribución y tampoco es una política energética. La PELP en su primer proceso (iniciado el año 2016 y terminado en febrero de 2018), resultó ser, jurídicamente, un valioso insumo para la planificación de la expansión de la transmisión.

En la elaboración de la PELP, el Ministerio de Energía consideró en primer término la demanda energética, y respecto a ella incluyó como factores a evaluar, entre otros, el crecimiento económico, con especial consideración a la producción minera; la eficiencia energética; el transporte eléctrico; la generación distribuida; los precios de combustibles y los costos de tecnologías de generación y sus perfiles. Asimismo, respecto del sistema eléctrico, el Ministerio de Energía consideró en la elaboración de la PELP, entre otros, un sistema de transmisión modelado, la demanda eléctrica, las centrales existentes y aquellas en construcción, áreas con capacidad de expansión y los intercambios internacionales de energía.

Con el objeto de cumplir lo estipulado en la legislación vigente y para cumplir en lo conclusivo, el Ministerio de Energía trabajó en la construcción de escenarios energéticos, con una metodología estructurada en la determinación y cuantificación de factores de incertidumbre. Entre estos factores consideró la disposición social para llevar a cabo proyectos de generación eléctrica en ciertas zonas del país y la demanda energética (cuyos principales determinantes de largo plazo fueron la climatización eléctrica, la electro-movilidad, la eficiencia energética y el crecimiento económico). Adicionalmente, se consideraron como factores de incertidumbre cuantificados, los cambios tecnológicos en almacenamiento en baterías, los costos de externalidades ambientales, los costos de inversión en tecnologías renovables y el precio de los combustibles fósiles.

A modo de robustecer las conclusiones del proceso, el Ministerio de Energía sensibilizó el impacto que tienen las variaciones de algunos de los parámetros en los resultados. Para esto, se realizaron análisis en base al levantamiento de restricciones a hogares en proyecciones de generación distribuida, disponibilidad de Gas Natural Licuado, GNL, para centrales de generación eléctrica, incorporación de efectos del cambio climático en información hidrológica, aplicación de un costo de emisiones de CO2 escalonado en el tiempo e intercambios de gas con Argentina.

La información empleada en la elaboración del informe final de la PELP es suficiente y su análisis apropiado para el cumplimiento de sus fines. No obstante lo anterior, como en todo orden de cosas, pero especialmente en las que dicen relación con la  planificación a largo plazo, existen aspectos que pueden mejorarse.

En efecto, en los próximos procesos de PELP deberían considerarse respecto de los costos de inversión, una mayor representación nacional, lo que podría lograrse con una mayor consideración en los distintos escenarios de energía proveniente de biomasa, biogás y de la energía mareomotriz. En el futuro también deberían considerarse la incorporación de nuevas tecnologías, así como la consideración de los informes de planificación energética anteriores para la autogeneración y contrastación de información. También parece razonable, atendido el desarrollo actual, considerar para la generación distribuida no solo aquella que se modeló en esta oportunidad consistente en generación distribuida a nivel residencial mediante sistemas fotovoltaico, sino también aquella a nivel comercial e industrial.

Finalmente, no debe perderse de vista que con las reformas a la LGSE, introducidas por la ley 20.936, prácticamente no existen señales normativas de localización para la generación, ya que los costos de transmisión serán soportados por los clientes. En ese escenario es comprensible la preocupación de los clientes finales, principalmente manifestada por la industria minera, según la cual una  planificación de la transmisión, basada en escenarios de largo plazo puede conducir a sistemas excesivamente holgados y onerosos. Si bien el concepto de “inconsistencia dinámica” parece exageradamente pesimista, algunas voces ya están levantando esta alerta propia de la política económica, por lo que sin duda la co-optimización periódica de la generación, la transmisión y la demanda eléctrica es un aspecto a enfatizar en los próximos procesos de planificación energética. En línea con lo anterior, lo que parece indiscutible es que el objetivo de la Planificación Energética de Largo Plazo no es planificar la instalación de generación (ni siquiera facilitarla), sino ser una herramienta más para reducir el costo de suministro de energía eléctrica.

 

Nicolás Atkinson:  Socio en Aninat Schwencke & Cia, dirige el área de Energía y Recursos Naturales de la firma. Experto en el desarrollo de proyectos de energía, incluyendo de ingeniería, construcción, interconexión, suministro y transporte de energía, así como también es especialista en las regulaciones del mercado de la electricidad, particularmente energías renovables no convencionales.

 

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