Almacenamiento de energía: Claves para la flexibilidad del sistema
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En los últimos años, los sistemas energéticos han vivido una revolución sin precedentes que tiene como tendencias principales la descarbonización, descentralización y digitalización.

Para tener la posibilidad de cumplir nuestros compromisos ambientales y limitar el calentamiento global a los 2°C acordados en Paris, es necesario seguir descarbonizando la matriz energética del país. En esta línea, se ven dos tendencias importantes: por un lado, electrificar el consumo de energía y, por otro, conseguir que esa matriz eléctrica sea al 100% renovable cuanto antes.

Las energías renovables han jugado -y seguirán jugando- un papel fundamental en esta transición energética. Para permitir la mayor incorporación de éstas, las redes eléctricas deben operar con mayor flexibilidad. Es aquí donde los sistemas de almacenamiento juegan un rol fundamental. Su capacidad de guardar energía en un momento dado y entregarla cuando se necesite, les permite apoyar el funcionamiento del sistema eléctrico en una amplia gama de servicios, como pueden ser el control de voltaje, frecuencia, potencia, velocidad de rampa, suministrando o consumiendo potencia reactiva, mayor resiliencia por recuperación del suministro ante fallas.

Los sistemas de almacenamiento se asocian generalmente a las baterías, tal vez porque Chile es un país rico en Litio. No obstante, existen muchos tipos de sistemas de almacenamiento. Sin ir más lejos, en nuestro país existe un proyecto de una central hidroeléctrica de bombeo 100% renovable, pues está combinada con energía fotovoltaica; además de sistemas de aire comprimido bajo tierra y, por supuesto, la energía solar de concentración, que también funciona como almacenamiento, sólo por mencionar algunas tecnologías.

Adicionalmente están las baterías. La tecnología en baterías ha evolucionado de manera exponencial en los últimos años. Existen baterías de Vanadio, zinc, iones de sodio, de sal fundida (ZEBRA), iones de magnesio y, por supuesto para Chile, donde el Litio es muy abundante, están las hibridas de magnesio y litio, iones de litio, litio azufre (Li-S), y litio-metal. Un ejemplo claro en nuestro país es la Central Mejillones, utilizando las BESS, que son baterías recargables de Litio conectadas a la subestación eléctrica de 220kV de Angamos desde el 2012.

A nivel internacional, este año se realizó la primera certificación a una planta eólica con almacenamiento en Barrásoain, Navarra, convirtiéndose en la primera planta de estas características conectada a la red eléctrica.

Con respecto a precios, hay una clara tendencia a la baja. A fines de 2016, se anunciaron costos de 562USD/kWh, mientras que a fines del 2017 ya había un proyecto por 387 USD/kWh. Una reducción del 31% en tan solo un año. Recientemente se anunciaron precios que estarían por debajo de los 100 USD/kWh antes del 2020 y bajo los 80 USD/kWh poco después de ese año. Es decir, en tan solo 3 años, reducciones del 80%.

En Chile -y también en Argentina, Uruguay, México, Brasil, Colombia y Perú, a nivel Latam- aún es necesaria la realización de estudios técnico-económicos sobre el impacto en el mercado, que considere un análisis de los distintos tipos de tecnologías y sus usos, además de incluir ejemplos del tipo de remuneración y de quién tendrá la potestad de la utilización en caso de grandes centrales: el Generador o el Coordinador.

Desde ACERA apoyamos la innovación y la tecnología, queremos una matriz más sustentable, y confiamos en un Chile 100% renovable, por ello creemos que es necesario el impulso de tecnologías de almacenamiento como el mejor complemento de las Energías Renovables. 

Columna de Patricia Darez
Directora de ACERA

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