Ante el cambio climático, Chile debe avanzar más rápido y decidido en el camino de las energías renovables o habremos perdido la oportunidad de ser líderes
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Por estos días, mientras en el hemisferio sur hemos estado experimentando una de las olas de calor más grandes de los últimos 100 años, en el hemisferio norte una corriente de aire polar ha bajado las temperaturas a niveles pocas veces vistos. Los impactos económicos y sociales de estos eventos son sólo una pequeña muestra de lo que sucederá si no le tomamos el peso a la urgencia de reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

La lucha contra el cambio climático nos exige, hoy más que nunca, que no nos conformemos con los éxitos logrados hasta el momento, por el contrario, debemos redoblar nuestros esfuerzos por reducir de manera efectiva las emisiones.

Es cierto que -miradas desde una perspectiva absoluta-, las emisiones de GEI de Chile con respecto a la de otros países o regiones del mundo, pueden parecer insignificantes: menos del 1%. Sin embargo, no hay que olvidar que nuestro país es tremendamente frágil, pues cumple con siete de los nueve criterios de vulnerabilidad que determina la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC): posee áreas costeras de baja altura; zonas áridas y semiáridas; zonas de bosques; territorio susceptible a desastres naturales; áreas propensas a sequía y desertificación; zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica; y ecosistemas montañosos. En este sentido, no es coherente que esperemos cómo otros resuelven los problemas que nos afectan directamente.

Afortunadamente, mucha gente en nuestro país, tanto desde el sector público como el privado y la sociedad civil, tienen conciencia de lo importante que es que Chile comience a ejercer un liderazgo internacional en materia de cambio climático. La próxima realización en Santiago de la Conferencia de las Partes Nº25 (COP25) es una muestra de aquello.

Liderar implica mostrar el camino, no sólo con palabras, sino que principalmente con hechos. Hemos avanzado como país en este ámbito de la mano de la incorporación de un porcentaje creciente de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) en nuestra matriz eléctrica. Esto mismo lo dijo la Ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, en una entrevista sobre la importancia de la realización de la COP25 en nuestro país: “Chile es una potencia en las ERNC y justamente trae a los países a observar cómo vamos a implementar estas medidas y cómo podemos exportarlas al mundo”.

Sin duda debemos sentirnos orgullosos de lo logrado en materia de ERNC. En 2012, éstas representaban menos del 5% de la energía eléctrica producida, mientras que en todo el año 2018 alcanzaron un 18,2%. Es más, incluso en algunas horas del día, el porcentaje máximo de participación ERNC alcanzó un 43% de la producción total. Asimismo, desde la perspectiva de la capacidad de generación instalada, las ERNC pasaron de tener 800 MW de potencia en 2012 a más de 5.000 MW en 2018, es decir ¡4.200 MW en 6 años! y aún se estima que en 2019 se instalen 1.000 MW adicionales.

Si bien son auspiciosos los resultados, estos números no son suficientes, pues el 57% de nuestra electricidad todavía proviene de la quema de combustibles fósiles, como carbón, gas y diésel. Mientras que, si al 18,2% de ERNC le sumamos el 25% aportado por la generación hidroeléctrica convencional, entonces nuestra matriz eléctrica en 2018 tuvo una participación total de 43% de energías renovables.

El sector energía, junto con el de transporte, suman el 50% de las emisiones en Chile, por lo que, para lograr una reducción efectiva de GEI, es fundamental avanzar decididamente hacia una matriz eléctrica 100% renovable. Sin embargo, esto es sólo el primer paso. La energía eléctrica actualmente sólo representa un 22% de nuestro consumo final de energía, es decir, aún hay un 78% de toda la energía que los chilenos usamos que proviene de combustibles fósiles.

No podemos conformarnos con lo logrado hasta el momento, por el contrario, debemos avanzar decidida y rápidamente hasta lograr una matriz eléctrica 100% renovable, para que así tenga sentido el camino paralelo a la electrificación de muchas aplicaciones que hoy usan combustibles fósiles, tales como el transporte de carga, de pasajeros, calefacción y un sinfín de actividades industriales. De otra forma, habremos perdido la oportunidad cierta de ejercer un liderazgo internacional fuerte en materia de cambio climático.

Darío Morales F.

Director de Estudios

ACERA AG.

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